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Tras el festival

Fue un mes de locura, el que transcurrió luego del Festival de Invierno, luego de los cepelios de las víctimas, el poder quedó en las manos del Gobernador, Everett Goodweatherm tendría el control total sobre la ciudad, pero Azuka había logrado parte de su objetivo: Los rumores de que el gobierno de Washington ya no estaba tan convencido de compartir el poder con los vampiros; la situación se estaba saliendo de manos, y los cainitas y garras rojas parecían estar ganando la partida. Pero ninguno de los artífices de la destrucción, pensaron que los berkeser se volverían un problema para todos, porque los vampiros que no fueron asesinado por ellos, se transformaron en berkeser, que se han transformado en una manada que deambula por las alcantarillas atacando a quien se les enfrente o quien esté en su menú del día.

Humanos y Vampiros ya no tenían una alianza tan sólida como antes, y las desconfianzas estaban surgiendo.

Mientras que en medio quedaban los licanos, o por lo menos, parte de ellos, Fenrir y Fianna, pero quien padeció la peor parte fueron los Fenrir que en el atentado perdieron a su líder, del que jamás encontraron el cuerpo. Quedaría en manos del nuevo líder de los Fenrir y de Gissiel Earhart, determinar el destino de su clan y tradiciones, pero entre los licanos, se sabía la atrocidad cometida por las Garras Rojas, comandados por Arthur Redclaw, que se habían vuelto muy fuertes.

Por su parte, los rebeldes, el pequeño grupo de disidentes ya no parecían estar tan solos en su lucha, el gobierno de Washington los contactaría extra oficialmente para conseguir sus fines: controlar la ciudad, de una o de otra manera. Etienne LeBlanc, tendría que decidir..

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The Phantom in the Opera

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The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Vie Ago 10, 2012 8:57 am

(Estos eventos ocurren días antes del WInter Festival, pues el cambio de clima social no los permitiría)

Broadway, en el Palace Theater
Anochecer

La tía Judy, una de las mujeres adultas más talentosas de la familia Harker, le había recomendado la ópera a sus demás sobrinos. Algunos de ellos, jóvenes como eran, ya no estaban interesados en las funciones de teatro, como los demás miembros más viejos, y por lo tanto, habían deshechado la idea de inmediato.

Pietyr pensaba en todo eso, cuando su limusina se estacionaba frente al Palace Theater en Broadway. La sugerencia de ver una ópera había llegado de improvisto, mientras él atendía algunos asuntos legales de la familia, la noche anterior. La tía Judy había hecho mucho énfasis con sus sobrinos, acerca de la importancia de la cultura del teatro, y quiso aprovechar que el "tío Pietyr" estaba ahí para apoyar su argumento. Obviamente, los más jóvenes ni atención prestaron, y aquellos que trabajaban en la firma apenas harían caso, quizás.

Pero tal fué la insistencia de Judy, que Pietyr decidió comprobarlo por él mismo. Ella decía (entre otras cosas) que la obra era sublime, y que uno podía sentir que el "fantasma de la ópera" estaba tan bien actuado que hasta parecía casi etéreo. Obviamente ella estaba muy impresionada.

Así pues, teniendo libre la noche de compromisos, Pietyr decidió ir a la función de antes de media noche, para tener tiempo de ocuparse en algo más después, si así lo deseaba.

Habiendo descendido de la limusina, y vistiendo un frac clásico negro, Pietyr nada más estaba a las puertas del recinto, y quién sabe qué o a quién se podría encontrar en tan audaz noche...


Última edición por Pietyr von Abel el Mar Ago 21, 2012 2:58 am, editado 1 vez
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Sáb Ago 11, 2012 4:17 pm

La invitación llegó a casa del príncipe no hacia muchos días, era en el palco, reservado solo para la crême de la crême, o sea, para el gobernador de la ciudad y sus acompañantes. Pero el principe era una persona demasiado ocupada y no podría asistir a aquella jornada, sin embargo, permitió que su vasalla fuese, ella, amante de las artes nobles, y de la música, había sido invitada formalmente, aunque lo fuera sólo como la acompañante de Everett. Temperance era reconocida por ser una excepcional cellista, que deleitaba sólo a algunas personas.

La joven se presentaría a la Opera, era una de las últimas presentaciones de la aclamada obra, que había deleitado a tantas personas durante aquellas jornadas. Ya de tarde, la gente de la socialité iba con sus mejores galas a una función especial en donde los fondos se recaudarían para obras de caridad. Aquellos jueguillos de los ricos para comprar algo de paz a sus almas condenadas. Temperance formaba parte de este desfile de personas, aunque sólo lo hiciera de forma nominativa, no iba a lucirse, ni por la obra de caridad, sino por la Opera en sí.

para acciones buenas, estaba ella siempre trabajando personalmente en aquellas causas, que la mayoría de los presentes, sólo escuchaban, si es que escuchaban. Pero ahí estaba la joven de pie en el centro de la gran entrada, un salón circular adornado por dos caleras que subían por cada lado, dando una curva hacia las grandes puertas blancas del teatro. Una hermosa lampara de lágrimas pendía desde el cielo, y reflejaba las almas oscuras de los que estaban ahí, pero sólo Temperance notaba aquellos destellos, sobre todo el de ella. Rojo como la sangre, así era su destello, Se miró así misma, la seda se pegaba a su cuerpo, y caía, sin perturbaciones. Miró a su alrededor y no encontró rostro conocido; para su fortuna, estaba simplemente sola, para disfrutar de su placer más grande, la música.

Se quedó detenida en el centro del salón, con el programa en la mano, lo observó un poco, leyendo los nombres de los que se estarían esa noche. Cuando levantó la mirada, encontró un rostro conocido, quien era considerado cercano al príncipe y a quién lo había visto solo algunas veces. Pietyr von Abel. Cuando el señor Von Abel se encontró con la verdosa mirada de Temperance, ella levantó su mano para saludarlo, también regalándole una cándida sonrisa. Pronto entrarían a la función, y que abrieran las puertas del segundo piso, hizo que Temperace desviara su murada de Pietyr. distrayéndose por el sonido de las puertas al abrirse.

Spoiler:


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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Mar Ago 14, 2012 2:48 pm

Pietyr vaciló por un momento, no reconoció de inmediato a la mujer que estaba frente a él. No fué sino hasta que ella lo saludó que pudo ubicarla.

No había tenido mucho contacto con ella, pues respondía más a la presencia del Príncipe Everett que a otros inmortales. Las reglas eran claras: ningún otro inmortal podía ejercer su influencia en un Vasallo reconocido por el gobierno del Príncipe. Uno jamás habría de atentar en contra de la salud o los intereses de alguien así protegido. A veces, los Vasallos tendían a estar embobecidos por su amo, tanto así que casi nunca se iban de su lado.

Este no era el caso, por supuesto.

Pietyr se acercó, mientras Temperance volteaba hacia el abrir de las puertas. Con una amable reverencia, típica de él, le devolvió el saludo.

- Saludos, señorita. ¿Debo asumir que está aquí en asuntos oficiales?.. o sólo planea disfrutar de la aclamada función, de la cuál he escuchado excelentes críticas, por cierto...

Dijo él, mientras ofrecía su brazo para que lo acompañara mientras ascendían hacia los mejores palcos. En su posición, Temperance actuaba más independiente del Príncipe. Aunque no siempre estaba al tanto de su árdua labor como corresponsal del gobierno vampírico, la palabra de ella tenía cierta autoridad, sobre todo, en el mundo mortal. Además, cualquier inmortal perteneciente a la Brotherhood tenía la tarea de velar por aquellos protegidos por sus miembros. Siendo que no había otro agente de la organización ahí presente, Pietyr se sentía responsable por escoltar a Temperance.

- Si me lo permite, señorita, sería un placer acompañarla en esta función.

Podían proceder sin prisa, la puesta en escena siempre se demoraba por una u otra razón. Los boletos de ambos correspondían a los mejores asientos, y tendrían la oportunidad de convivir juntos.
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Jue Ago 16, 2012 11:57 am

Distraída en lo alto de las escaleras, la joven vestida de escarlata lustruso, parecía una verdadera mancha de sangre, abriéndose cual claven en medio del piso de mármol blanco. El hombre en lo alto invitaba a todas las personas a tomar sus lugares, porque la obra empezaría en breves momentos. Temperance sujetó contra su pecho su pequeña cartera de mano, y sólo alcanzó a dar un paso antes de que la mano derecha del príncipe llegara hasta ella. Voltearía su mirada dulce hacia el vampiro y inclinándola en una educada reverencia. Temperance había sido educada con estrictos protocolos de comportamiento, ella era la viva imagen de la educación vampírica.

- Señor von Abel - sonrió, había tratado pocas veces con él, pero eso no impedía que no supiera su nombre, como él, sabía el nombre de ella, y de quien se trataba, el olor a vampiro que despedía era enorme, como toda vasalla.- oh... no no, que cosa más alejada de la realidad, no estoy aquí por asuntos oficiales, sino por el placer de la música - exclama y acomoda su brazo bajo el brazo de él, tomándose de él en un gesto propio de las mujeres de siglos pasados.

- el príncipe no pudo acompañarme, creo que estará contengo que alguien como ud... sea mi compañía en esta velada- responde mirndolo a los ojos, mientras subían por ´las escaleras. Debió recordar, hacer repaso mental, él no sabía que era una espiritistas y por lo mismo, no podía revelar ningún gesto, que la pusiera en evidencia, a pesar de que en ese momento, dos fantasmas estaban mirándolos fijamente desde la parte de arriba de las escaleras, Temperance los miró fijamente, ellos indicaron al vampiro, y luego, hicieron un gesto extraño, pasaron sus transparentes dedos por sus cuellos, cortando.

¿que significa eso? Temperance se quedó un poco atrás, pero recordó que iba con el vampiro, llegando a la parte de arriba de las escaleras, en donde los fantasmas ya no estaban. Suspiró, esas cosas pasaban a veces, los fantasmas podían comportarse de maneras extrañas. Sonrió al vampiro para evitar que él la interrogara, además, se sabía que la joven era extraña, y no eran pocos los que creían que tenía algún problema o era retardada. Y eran más los que no se explicaban porqué el príncipe la conservaba.

- ¿usted también vino por placer?, - Temperance no concebía la idea de estar ahí obligados por un "asunto oficial", ir a la opera debía ser por placer, por amor al arte y no por asuntos oficiales, para eso estaban las fiestas y reuniones que tanto hacían al socialité de New York.


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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Vie Ago 17, 2012 1:15 pm

- Ciertamente (contestando a la pregunta). Me han dado excelentes referencias de la actuación, y no podía más que comprobarlo por mi mismo.

Pietyr, quien había sido honrado con la presencia de la vasalla del Príncipe ahora caminaba a su lado. Hace tan solo instantes, había percibido una ligera brisa de viento frío, pero no le prestó atención, pues venía escuchando a su acompañante.

- Es una fortuna que la gente de hoy en día se de la oportunidad de escuchar las viejas historias (dijo, con cierto tono), pues lejos del paso del tiempo, algunas obras quedan inmortales... y perduran más aún que la "sangre" (dijo ahora con un tono ahogado. Aunque no habían muchos tan cerca de ellos, el tópico siempre era polémico)

Ambos se dirijieron al palco, donde disfrutaban de la magnífica vista. Estando reservado con tal calidad, parecía que eran los únicos que estarían allí.

Mientras daban la tercera llamada, Pietyr conversaba con Temperance acerca de cosas del día, pero sin entrometerse en la política, pues ella no estaba ahí por asuntos oficiales y, de cierta forma se merecía ese descanso, o eso pensaba el vampiro:

- Me han contado, que el papel principal (el del Fantasma de la Ópera) es interpretado exceléntemente. Sublime, fué la expresión que me dieron. Será un placer presenciar tal actuación, y con tan buena compañía.

Ofreciéndole asiento, él mismo toma su lugar al lado, mientras la puesta en escena está casi lista. Temperance lucía un atuendo tan hermoso, que seguramente varios jóvenes mortales no le habían quitado los ojos de encima. Era como si el magnetismo del Príncipe Everett se hubiera traspasado a su vasalla. También podría ser el escote. Pietyr sentía otra leve brisa de aire frío, pero como ya no le incomodaban esos cambios, casi no le prestó atención.

---------------------------------------

La obra comenzó, se levantó el Telón, y la famosa obra de Andrew Lloyd Weber cobró vida nuevamente. Las luces, las voces, el drama... todo se desarrollaba a la perfección. La ejecución era precisa y suelta, como si aquellos en la obra hubieran nacido para ese papel. Unos verdaderos profesionales en escena.

... y así llegó el tan esperado momento entre el público y también para Pietyr: el Fantasma de la Ópera se revelaba por primera vez ante la audiencia, como papel central. Su voz, reverberante en la sala, sus movimientos sublimes. Perfectos. Aquellos que le miraban quedaban asombrados.

Pietyr abrió muy grandes los ojos, aunque no podía palidecer más, hizo un buen esfuerzo. Instintivamente le dirigió una mirada a Temperance, mientras él mismo no podía creer lo que veía...
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Vie Ago 17, 2012 5:18 pm



La música era exquisita, las notas y la interpretación que imbuía de belleza y emoción cada una de los actos de esta obra. Temperance estaba absorta en la música, y sus dedos bailaban con las finas notas que eran interpretados por las sinfónica y la soprano que representaba a Christine Daaé. La chica estaba asombrada, y su pecho se agitaba ante la emoción de la música que le hacía experimentar el único placer que conocía, el placer por la música. Se giró, encontrándose con los ojos del vampiro que la miraban; reconoció en él mismo asombro que ella tenía por la deliciosa interpretación que había ganado tantos aplausos.

- tenía razón, es sublime, las voces... la historia- alargó su mano hasta el antebrazo de él, rozándolo, y regalándole una tibia sonrisa - muchas gracias... por acompañarme, hubiera sido una tristeza estar sola- confiesa muy callada, y siguen viendo la obra, el primer acto estaba terminando, y habría un receso de 10 minutos en donde los espectadores podrían ir al baño o tomar algo. El acomodador aparece en el palco, abriendo la puerta y ofreciendo algo para beber.

- deseo un té por favor- pide la joven, el hombre la nota, sus mejillas pecosas se ruborizan al observar los claros ojos de la mujer que estaba sobre él con una tranquila expresión.

- como ud desee, señorita Trunswick, y ud, Señor Von Abel- pregunta cortezmente. Una vez que tiene los pedidos sale cerrando la puerta. Temperance se acomoda en la butaca, sacando de su pequeño bolso un celular, el cual enciende sólo para ver si el príncipe la había llamado u Odette, ambos siempre la estaban llamando, sobre todo el príncipe que temía por la salud de su vasalla que parecía decaer de vez en cuando.

Se queda en silencio, sólo un instante, viendo desde arriba a las personas caminar, cuando y al girarse, el rostro del fantasma que antes había visto le parece. Era una mujer, de unos 30 años, con los ojos negros y ojerosos, ladea su rostro, Temperance se pone pálida, y se apoya en el lado contrario de su butaca, temblando y helada como un témpano de hielo.

- ese vampiro está jugando con la muerte... y el destino de él será peor que su calidad de no vivo... los espíritus se enojan y el no sabe como controlarlos, - lanzo un grito terrible, que obligó a Temperance a cubrirse los oídos. Nadie más escuchó, sólo que los candelabros se movieron y su balanceo dejó a todos en silencio, pensando que había temblado, pero nada, solo el vaivén y el cambio en el voltajes de las luces.

- ¿qué es lo que ha estado haciendo?- se giró hacia él, seguía pálida, menos mal que había quedado sentada, sino hubiera caído, sus piernas no respondían, y le costó volver a sacar la voz tras la pregunta. Bajó la mirada, y llevó sus temblorosos dedos a su frente para masajearla - ¿qué es lo que está haciendo.. que los espíritus están tan molestos?- vuelve a preguntar, dejando en evidencia quien era en realidad. Levanta su mirada verde, el fantasma se había ido, pero realmente había quedado muy debilitada luego de aquella terrible manifestación.


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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 18, 2012 11:40 am

Pietyr von Abel estaba estupefacto. Sus ojos no daban crédito a lo que veía, y aún así, ahí estaba. Toda la primera parte de la función, hasta antes del receso se quedó absorto, contemplando en incredulidad el espectáculo frente a él. Temperance pareció no notarlo, aunque él estaba claramente perturbado.

Entonces, el espectáculo cesó. Luego, el acomodador del teatro les ofreció bebidas. Pietyr, seguía sin creerlo. Por un momento, se le había ocurrido hacer una llamada telefónica. Pero no podía. Temperance no tenía ni idea de lo que él, con sus afinados ojos vampíricos había visto (o eso creía de momento). La obra, el actor.. era imposible que fuera real, sus movimientos, su voz... sobre todo su voz. El trance en el que la actriz se encontraba al momento de su actuación, casi...

Y luego, una abrupta pregunta le interrumpió, a la par que otra leve brisa atravesaba por el palco. Era una pregunta, que le haría sorprenderse mucho más de lo que ya se encontraba esa noche. Con los dedos temblorosos sobre su frente, Temperance, la vasalla del Príncipe, ahora preguntaba acerca de espíritus molestos.

Podía haberlo deshechado como simple ficción, como una pregunta fuera de lugar, o hasta una broma. Pero Temperance se encontraba bajo los mismos efectos que él cuando ocurría, solo que ella había prestado atención. El cansancio era el mismo.

- Pregunta Usted... como si la furia de los mismos espíritus le atacara... señorita (respondió con mucha calma, sus ojos examinando a su acompañante)

Y luego, vino la realización repentina de algo hasta ahora inconcebible. Si Temperance tenía ese mismo don entonces... entonces otro inmortal tenía acceso a los secretos del otro mundo. Por un momento, temió lo peor, que los vampiros trataran de completar el mismo objetivo de hacía años. Que el momento estuviera cerca y que...

...pero ese no era el caso. Pietyr, despues de haberse sobresaltado, poco a poco recobraba la calma. Temperance, era la vasalla de Everett, nada menos que el Príncipe de la Brotherhood. Eso significaba que, si acaso, otro compañero de su organización tenía acceso a una espiritista, no un radical Hijo de Caín con sabe dios qué en la cabeza. O tal vez... tal vez era a propósito. Era posible que Everett Goodweather hubiera descubierto la videncia de Temperance y la acogiera para su protección.

O mejor aún, quizás el ni siquiera sabía acerca de ella.

- Señorita, le ruego que se tranquilice (dijo, de pronto, pues Pietyr podía notar el malestar en ella, pero amplificado por su mortalidad). Todo tiene una explicación, pero no hay nada de qué alarmarse.

Pietyr trataba de consolarla. Ella no podría hablar con soltura si se encontraba presa del miedo, o de esa sensación tan incómoda como era la de las apariciones.

Que curioso. Aunque la noche aún era joven, él ya había aprendido dos lecciones importantes, con lujo de detalle: en principio, había perforado, por primera vez el velo por sí mismo. Nunca antes había presenciado el intercalarse entre lo espiritual y lo material. Había sido testigo de las acciones de los fantasmas, pero sólo cuando dichos espíritus habían deseado hacerse notar. Pero esa noche, sin el expreso consentimiento del actor principal, había podido rasgar el velo, tan sólo un poco. Y la sensación era abrumadora.

Lo segundo que había aprendido esa noche, era que si para él, con toda la fuerza de sus años, había representado toda una faena... para los humanos, representaba un peso aún mayor.
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Sáb Ago 18, 2012 5:23 pm

El vampiro parecía estar completamente alejado de la realidad. Temperance ya lo había visto antes, el responsable de todo eso, había actuado como él, con indolencia, con desapego a sus consecuencias, con ignorancia en gran medida, pero por lo menos, Temperance no veía en Von Abel la maldad intrínseca de Delancre que costó tantas vidas y cambió al mundo para siempre. La chica intentaba calmarse, pero le era costoso, los fantasmas estaban llegando, se agolpaban en todos los parcos y los miraban. Sus voces su frío, que incluso los mortales y vampiros podían sentir. Temperance levanta su mirada hacia el vampiro, aquellos ojos verdes estaban con sus pupilas dilatadas, como si estuviera a punto de tener un ataque que la alejaba de la realidad.

Su epilepcia era un mecanismo que tenía su cerebro de protegerse de la terrible fuerza con la que sentía a los fantasmas, incluso superior a su madre Mathilde, de ahí porque su madre hizo jurar a Everett que la protegería, Temperance en manos inadecuadas podría abrir el portal en donde estaba el infierno, y en él, Mammon.

Apretó los ojos la chicanuevamente encogiéndose de hombros, intentando serenarse, no quería tener una ataque, no era el momento y además, estaba sola, es decir nadie de confianza estaba con ella. Ni Everett, ni Vlad, que sabían como reaccionar cuando caía al suelo, y sus ojos se volvían blancos en medio de convulsiones y espuma por la boca. Respiró dos veces,, y a la tercera pudo hablar.

-precisamente... eso es lo que sucede, el teatro se está llenando de fantasmas...- mordió su labio inferior, colocándose de pie, y yendo hacia la puerta, la ventanilla de vidrio daba a la pared contraria, y nadie pasaba, Temperance se agachó, y sin tomar atención al vampiro, sacó de su cartera de mano, una pequeña bolsita de terciopelo, colocando un polvo blanco en la entrada. Se puso de pie y volvió donde el vampiro, parándose con una repentina autoridad, muy extraño en su personalidad siempre muy sumisa y distraída.

-¿que es lo que ha estado haciendo?- volvió a preguntar y tomó la mano derecha de él, volteandola hacia arriba para ver su palma y rozar con sus dedos las líneas de su mano - ha estado abriendo portales hacia la muerte, por eso los espíritus están molestos y lo persiguen, buscaran su destrucción... debe parar ahora mismo... - lo miró a los ojos, y lo abrazó con fuerza, jalándolo hacia su menudo cuerpo, el vampiro estaría viendo cosas, porque el velo lo había rasgado, cosas que sólo seres como Temperance podían ver, y ahora él, sin ser un espiritista, lo estaba viendo.

-notó el escenario, ¿no es cierto?, la mente se confunde, no sabe cuando es verdad o es mentira o te estas volviendo loco... debe parar ahora, señor... o desatará un nuevo infierno azul, y nada detendrá al mal, un mal que ni ud, ni nadie... puede controlar... ni siquiera mi madre pudo- le hablaba al oído, temblando, y azorada por el miedo, cuando la puertas se abre y entra el acomodador con la bandeja, los ve abrazados, y carraspea un poco. Temperance se separa, pero sin mostrar sobresalto, puesto que pare ella, no había maldad o segundas intensiones en sus actos.

- sus bebidas - dijo el hombre y lo dejó en la pequeña mesita, algo compunjido de haber visto a Temperance con otro hombre abrazada. El mozo giraria su cara, y esta se deformaría, en un gesto terrible, ojos negros, boca que se abría como si de ella salieran pestes. Esto sólo podría verlo Pietyr, Temperance no, porque no estaba siendo perseguida por los fantasmas, estos, en cambio estaban en la entrada, sin poder entrar por la berrera que la espiritista había colocado.

Una vez más solos, la chica se dejó caer agotada, la obra estaba por continuar, pero era evidente que ambos no tenían cabeza para seguir viéndola.


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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Dom Ago 19, 2012 4:30 am

- ¡Hago lo que otros no se han atrevido a hacer! (su expresión era dura y seria, pero no amenazante. Miraba a los ojos de Temperance, muy de cerca) ¡Ese demonio, Mammon, tiene eras para esperar su retorno; las llamas azules son implacables y la única clave para extinguirlas está con los Muertos! ¡No me quedaré inmóvil mientras un demente abre sus puertas y nadie pueda hacerle frente!

La respuesta había llegado con mucha fuerza... y quizás había revelado demasiado. Tendría que asumir esas consecuencias, eventualmente. Temperance le hablaba de las molestias de los espíritus, y con justa razón, pero antes de que pudiera responderle, ella lo jaló hacia él y le hablaba con voz temblorosa. No se atrevió a interrumpirla.

Cuando el mozo dejara las bebidas, su rostro se contorsionaría por las fuerzas ahí presentes. Una clara señal de advertencia de parte de los espíritus. Una que había visto antes. Cuando estuvieron solos, Pietyr no quiso asustarla más. Parecía como si ella se fuera a perder en ese momento. Debía hablarle con suavidad, tratar de tranquilizarla.

- Temperance, comprendo sus preocupaciones, en serio. No he entrado ciégamente a estas artes o sin sentido de importancia (la función continuaba, pero él seguía frente a ella, casi hincado frente a su silla). Sé perfectamente lo que los espíritus enardecidos buscan de los intrusos, ya me lo han dicho antes. Pero debe creerme, mis intenciones distan mucho de las de aquellos "infernalistas" (dice, sin encontrar una mejor palabra para describir a Delancre... del cuál no sabía su identidad, ni la de Mathilda)

Ya antes había ocurrido que incitaba a los espíritus presentes, aún sin invocarlos. La mera presencia de Pietyr actuaba a veces como un combustible del que los espíritus se alimentaban para manifestarse, y a veces sucedía de maneras violentas. Debía hacer un esfuerzo para cerrar ese conducto, una carga mental que debía sobrellevar. Y como no había reparado en eso antes, había provocado a aquellos que "dormían" en el teatro y se habían revelado contra él, de formas casi materiales.

- Y aún así, es demasiado tarde, señorita. Una vez entrando en el velo, la energía fluye libre. Ha sido mi torpeza la que le ha dado motivos violentos a estos seres, y les ha dado fuerzas para asustarla. Mea culpa.

A Pietyr le tomaba unos momentos, en concentrarse, en cerrar el puente como cuando un inmortal cerraba su mente a la de otro. Era un proceso difícil de explicar, pero que se simplificaba con el tiempo.

- Por otro lado, déjeme asegurarle que no todos los espectros están en pugna conmigo. Algunos, pocos aunque fueren, se han sumado a mi causa. Con su ayuda, hemos podido alejar al fuego azul, y mantenerlo a raya.

La miraba profundamente a los ojos. Así como estaba estipulado, y aún en la gravedad del tópico, Pietyr no había roto las leyes, y no había usado sus influencias sobrenaturales en Temperance. A pesar del sonido de la obra, Pietyr seguía

- ¿Puede acaso creerme? ¿Es suficiente que sepa Usted que en mis manos no corre peligro nadie, salvo yo quizás mientras mi ignorancia sea grande?

Abajo, la función continuaba, sin interrupciones. Sin las fuerzas que Pietyr brindaba a los espectros, seguramente se evaporarían del mundo material, sin dejar rastro alguno.
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Lun Ago 20, 2012 9:18 am

Sentada en la butaca, con las piernas temblando, y su pulso alterado, la joven estaba con el rostro abajo, agachada como si contuviera un aliento, una palabra, un reclamo, una exigencia que se quedaba dentro de ella, ahogado por su propia personalidad más suave que jamás imponía ni exigía nada. Levantó su mirada, el vampiro estaba a su lado, casi arrodillado para hablarle a la mujer que ahora comprendía en casi toda su verdad y pasado.

Lo dejó hablar, descargarse y defender lo que estaba haciendo. Defendía completamente lo que había realizado, y el portal en que ahora él se había convertido. No lo miraba, había vuelto a perder la calma al escuchar sus gritos, que no eran más fuertes sólo porque estaban en un teatro y la voz de la soprano invadía el lugar. Además, Temperance podía sentir detrás de ella a espíritus que rasguñaban la puerta intentando entrar, hasta que en un momento dejaron de molestar y simplemente se fueron.

- mi madre... pensó lo mismo - habló al final, cuando el vampiro había dejado su apología y la dejaba hablar, ella resopló, solo un poco, un elegante gesto marcado por toda su femenidad - mi madre era Mathilde Brunswick... y sabe perfectamente donde terminó todo aquello, con su alma sellada para siempre, lejos de mí, lejos de todos, encerrando también en su alma, la esencia del infierno - ahora lo volvió a ver, y su mano helada se levantó para tocar su cara, sus rasgos, el mostacho oscuro que había sobre sus labios. Tocó sus ojos hasta sus cejas, como si careciera de vista y necesitara ver su rostro.

- ud mismo se ha transformado en un portal que no comprende ni sabe cuando cerrar - ya no sentía más fantasmas, estos se habían discipado - los espíritus lo rondan y no desean que siga tocando con los dedos el velo... y créame, no ha traspasado el velo, lo que ha visto o hecho, es sólo rozarlo, si lo hubiera traspasado, ya no estaría aquí, con nosotros. Ningún ser, mortal o inmortal podría traspasar el velo, sin perder la cordura en el entretanto - dejó de tocarlo, y se giró hacia él, sabía tanto como debería saber sobre fantasmas, su madre le enseñó bien y luego, ella seguía enseñándole por medio de sus escritos, revelándole los conocimientos de una larga casta de mediums, esoteristas, videntes y brujos.

- el infierno está lleno de buenas intensiones... El invierno azul está a un paso, mi madre lo detuvo, pero no sé si alguien pueda detenerlo una segunda vez si el portal se vuelve a abrir, si alguien ignorante lo vuelve a abrir. No desconfio de sus capacidades, desconfío de sus conocimientos y de saber que está haciendo. No sé quien le está ayudando, pero debe detenerse antes de que un desastre ocurra y se cobren tantas vidas que sólo quedará una tierra estéril... y el infierno reine en la tierra - pasa saliva por su garganta y vuelve a tocar su cara, ahora en una maternal caricia.

- ¿está buscando crear un fuego azul sin usar el alma de un espirista? le pregunta, no sabe de donde aquella pregunta surge, pero tuvo la sensación de que era pertinente. Movió pesadamente su cabeza, le dolía - ¿el príncipe... sabe lo que está haciendo?, el confía mucho en él... si no estuviera Gustav, ud sería su prefecto... pero ¿él sabe lo que está realizando?- muerde su labio inferior, la idea de que estuviera desafiando a Everett le asustó, Everett podía ser demasiado cruel con los que iban en contra de sus deseos.


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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Mar Ago 21, 2012 2:56 am

Mathilda Brunswick... ese era el nombre. Como si fuera un rompecabezas imaginario, varias de las piezas se acomodaban en la mente de Pietyr, y Temperance, la hija de la hasta ahora anónima bruja.

Si, bruja. No era un término despectivo para él, sino una mera forma de llamar a aquellos que lidiaban con lo desconocido. En fin.

Pietyr escuchó con atención lo que la espiritista confesó con amargura. Algo que le alarmó un poco fué cuando preguntó si alguien más le asistía. No era su costumbre mentir, pues pocas veces había ganancia real en ello, pero había hecho un juramento, y estaba atado por honor a no revelar nunca la identidad de "esa mujer". Así pues, tendría que excluírla de la conversación... y sin embargo, no era la única ayuda que había recibido respecto al tema. Cuando fué el momento de hablar, lo hizo sin dudar:

- Ignorancia, es un lujo que no me puedo permitir. Cosa acentuada por sus amables comentarios (le dijo, y continuó). Pero para su mayor consuelo, no busco promover los fuegos azules. Busco desterrarlos.

La función continuaba, ya más como sonido de fondo que como presentación. El verdadero drama se develaba en uno de los palcos.

- Temperance, Usted y sólo Usted comprende la seriedad de este asunto. Sólo puedo confiárselo a quienes sean dignos de encontrarme por sí mismos, y ninguno de mis camaradas ha mostrado tal interés.

- Esta es una lucha aún más oscura que la de los Cainitas. Quizás me cueste siglos, quizás me cueste la sanidad, como me ha apuntado antes, o quizás mi alma. Grandes sacrificios, y sin embargo es una guerra que he tomado en mis manos y cuya importancia trasciende a la de muchos otros eventos. No puedo abandonarla.

Ahora, era tiempo de asumir las consecuencias, esas que sabía que llegarían si fuese descubierto.

- Temperance, sé que Usted tiene la responsabilidad de su familia en sus manos, y es un honor servirla. Sepa que jamás le pediré que me solape. Yo comprendo mi responsabilidad al internarme en terrenos tenebrosos, y cual es mi lucha. Usted se ha probado digna en encontrarme, y ahora debe actuar acorde a sus principios.

En el fondo, la exquisita voz del actor principal inundaba el Teatro, y el personaje del Fantasma cautivaba de nuevo a aquellos que le miraban.

- Hágalo, señorita Brunswick. Pierda Usted el cuidado de mi afiliación o mi amistad. Si es su deber evitar el "infierno azul" haga todo lo que esté a su alcance. Si el Príncipe considera mis acciones como una afrenta, no me ocultaré de la sentencia. Si nuestros propósitos convergen, también estaré presto a asistir.

Sino lo había dejado en claro antes, o si en días subsecuentes, en el Winter Festival no lo demostrara, sus palabras tenían peso ahora. Pietyr von Abel no tenía miedo a su destino.

- Ahora, por favor... no sucumba ante su dolor. Tome un respiro, que siento que va a desmayarse (dijo ahora, en un tono más suave y hasta con una leve sonrisa)

Pietyr no lo había notado, gracias a la plática, pero había algo más sucediendo en ese Teatro.
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Mar Ago 21, 2012 4:51 am

Desmayarse, era el menor de los males que podría sucederle si no lograba calmarse. La epilepsia era una de las consecuencia de su don, o maldición, como se quisiera llamar a esa habilidad de ver el velo y a veces, solo a veces, de tocarlo. Pero no dijo palabra alguna, su seriedad era mas que solemne, y ahí, sentada con su bello vestido ojo, parecía una madonna del renacimiento, con el cabello recogido y su piel blanca como la leche, que comenza a recuperar la vitalidad y el volt de su condición de humana. Fueron largos momentos de silencio extremo, solo, de fondo, adobaba el silencio la voz del tenor que proclamaba su amor hacia aquel ser delicado que no le correspondía, o quizás si lo hacia.

-¿erradicar los fuegos azules? ¿la única forma que tienen los vampiros de ver el sol? ¿De caminar de día? ¿Por qué haría eso?- pregunto, sus labios se movían con mayor seguridad y por un instante se sintió fuerte y segura, no estaba ahí conversando de solo banalidades, ni estaba acatando ordenes, sino que estaba exigiendo comportamientos, y en el menor de los casos, estaba exigiendo explicaciones por actos que podían traer consecuencias a todo el mundo. -la verdadera maldición de los vampiros, es el no poder caminar a la luz del sol, el ser relegados a las sombras, incluso mas que el tener que beber sangre o sucumbir a su bestia interna, que siempre es una opción mas que una condición y no me diga que no, loa vampiros son la justificación de todo lo malo de la humanidad, su maldición surge precisamente por un acto bestial la envidia de un hermano a otro, y el anatema de aquel acto, es la condena que Ud. y todos los vástagos padecen - mojo sus labios, había hablado demasiado, pero también, eso le había ayudado a calmarse.

-sé que tengo responsabilidades- continuo con la conversación tras preguntar sobre los fuegos azules, dejando velada la posibilidad de que la creación de fuegos azules fuese sin el alma de un espiristista, eso le daría una gran ventaja a los Brotherhood, siempre y cuando aquel secreto se mantenga en la hermandad. Bajo la mirada, pensando en lo que debería hacer.

-pero tampoco quiero que por mi mano, Ud. Padezca pesares, no podría con tal responsabilidad... Y se que no esta actuando solo, un mero lego monees capaz de llegar a tal nivel, imagino que en su otra vida, ya Tenia alguna capacidad especial- alargo su mano y tomo la copa con vino, llevandola a sus labios para beber un poco de ella, solopara calmar loa nervios -sin emrnagi solo puedo pedirle que hable con el príncipe, quizás el tenga otra opinión, además no seria raro que los hijos de Caín estuvieran en los mismos pasos, y la principal estrategia en la guerra es ir un paso adelante de nuestros contendores- lo volvió a mirar, mientras aun disfrutaba el cuerpo frustuso y aterciopelado del carmenere que había probado -si el acepta sus actos, yo misma lo ayudare a continuar, a pesar de que mi miedo al velo sea tan enorme, pero mas enorme es mi miedo a que la guerra del infierno azul, se vuelva a repetir- sonríe colocando su mano sobre la cabeza del vampiro, ya terminaba el segundo acto y el receso estaba pronto a comenzar.

-que crimen, hemos perdido parte de esta obra- exclamo ahora viendo hacia el eacenario, el fanstasma espiaba a su amada, entre los rincones y pedía que lo amara -a veces me siento como ella, queriendo a seres oscuros, pero en todos estos años he comprendido su dualidad, esa humanidad y esa crueldad que los hace reales, - comenta en un tono mas suave, moviendo sus manos nerviosa - Ud. Necesitara protección - vuelve a hablar como si de una idea nueva se tratase y saca de su dedo indice una sencilla sortija de plata, la uníca joya que ostentaba en su diario vivir.

-este anillo me lo dio mi madre, me dijo que me protegería si Tenia miedo, o si los fantasmas molestaban demasiado, creo que Ud. lo necesita mas qe yo- tomo la mano de el y coloco la sortija en la palma del vampiro, cerda sola y colocando sus manos sellando el puño de él- no deseo que nada le pase, no por mani de este mundo, o del otro, pero debe tener cuidado- lo mira a los ojos sonriendo.


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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Mar Ago 21, 2012 6:43 am

Cuando Temperance dijo: "¿erradicar los fuegos azules? ¿la única forma que tienen los vampiros de ver el sol? ¿De caminar de día? ¿Por qué haría eso?" Pietyr no pudo hacer nada más que sonreír.

Ella explicaba, con toda la certeza del mundo, que estar desterrados del mundo del sol era su más grande maldición. Y por supuesto que lo era.

Por un momento, aquella mujer mortal, pero nada ordinaria, comprendía su condición. Y quizás aún más: si sus palabras eran ciertas, quizás Pietyr habría sido un espiritista, de no haberse transformado en un inmortal. Él no lo sabría, pues nunca en su vida mortal había vió a un fantasma. Lo más seguro era que gracias a las expresas acciones de "ciertos" espíritus, había aprendido lo poco que sabía.

Cuando hizo una alución al personaje de la obra, siempre queriendo a seres oscuros, tuvo una mejor óptica de su sentir hacia los inmortales. Por supuesto, siendo la vasalla de Everett, no disfrutaría de su compañía con asuntos banales, sino en aprendizaje y enseñanza.

- Que así sea, señorita Brunswick. Llevaré este caso a la corte del Príncipe, y que dictamine juicio como lo crea pertinente. Aunque quizás sea buena idea dejarlo para después del festival, ya ha de tener muchas cosas en mente por ahora (dijo esto, mientras aceptaba amáblemente la sortija, que inspeccionó por unos segundos, y que guardó subsecuéntemente). Y si, escuchó Usted bien, erradicar los fuegos azules. Destruír toda forma que tienen los de mi raza de vislumbrar la luz del día... sin sufrir las consecuencias. No es nuestro terreno, el del sol. Ya no nos corresponde ese mundo. O al menos, no a mí. Yo sé qué clase de monstruo soy, y cuál es mi lugar. Además, la noche es increíble...

Ahora, se acercaba el segundo receso. Y si, se habían perdido de casi toda esa parte de la función.

- Es cierto (dijo, tomando un respiro). La obra ha sufrido por nuestra culpa. Y es en verdad extraordinaria, pues aún en medio de la plática he podido escuchar la voz d...

Pero Pietyr paró en seco. Mientras hablaba, dirigía su mirada hacia el escenario y no tardó en encontrar al sublime actor principal, el cuál ejecutaba algún acto de ilusión mientras se movía por las alturas. Sólo que, ni con su potente vista agudizada podía ver los cables que lo sujetaban. Ni arneses de los cuales amarrarse.

Era probable que los materiales fueran tan finos que fuesen invisibles, aún para él. Pero lo dudaba. Él continuaba cerrado ante los espectros, sin cederles ni un ápice de fuerzas. No había brisa helada a su alrededor, ni visiones. Ese actor estaba, prácticamente levitando en el aire.

- Vaya... Maravilloso. ¿Me haría Usted un favor, Temperance? ¿podría cubrir lo mejor que pueda sus oídos? Fíjese si aún puede escuchar claramente la voz del actor... y si fuera así, sepa que ningún soprano puede lograr tal potencia, ni siquiera uno inmortal.

Y Pietyr no tenía nada que ver con ese despliegue de fuerzas.
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Mar Ago 21, 2012 2:32 pm

Pietyr había aceptado la petición de Temperance, el vampiro era accesible y racional, una persona exquisita para conversar, exponía sus ideas y escucha las ideas de los demás, aunque las posturas de ambos fuesen tan contrarias. Temperance agradecía el poder conocer mejor a esta persona, aunque aún no podía dejar de sentir miedo por lo que estaba haciendo; los espíritus estaban demasiado inquietos por su presencia, y no era para menos, Pietyr se había convertido en una tabla guija en movimiento. Sin embargo ya no estaban cerca los espíritus, pero Temperance había aprendido que ellos jamás descansaban, ellos jamás dormían.

Asintió cuando el vampiro habló de llevarlo a la corte de los Brotherhood, era lo más sano, porque si Everett lo descubría, no sabía que medidas podría tomar, el príncipe era demasiado hermético, y su personalidad un misterio, incluso para alguien como Temperance, quizás, la persona más cercana a él. Pero Temperance no estaba de acuerdo con la extinción de los fuegos azules, estos siempre podrían ser hechos, siempre un vampiro podía tomar a un espiritista y acaba su vida por este poder, no había forma de evitar la muerte de las personas como ella, por eso, ella pensaba que era mejor encontrar la forma de evitar la muerte, y aún así crear fuegos azules. Pero la joven se guarda esta acotación, el vampiro volvía a tomar en atención la Opera, y al fantasma que cantaba, alzándose sobre las cabezas de todos.

Temperance miraba la obra de nuevo, y cuando escuchó lo que él el decía, se encogió de hombros, y poniéndose de pie, buscó que él se se sentara. Ahora, con él, sentado, y ella a su lado, se reclinó hacia el vampiro, si él tenía el tercer ojo, solo había que limpiar la teradearaña de sus ojos.

- por eso me gusta esta obra, el fantasma posee siempre al soprano, el ángel de la opera guía los pasos de los que cantan sus alegorías- sonrió la joven, sin cubrirse los oídos, para ella, era normal, ya lo había notado, pero seguía como si nada, ya luego de tantos años, habían cosas de normalidad como lo que sucedía en ese escenario - esto no dolerá...- Temperance puso su pulgar sobre sus labios, y lo humedeció con saliva y lo colocó sobre uno de los ojos de él, luego, haría lo mismo con el otro, y volviendose hacia él, besó cada uno de sus ojos, y acercó sus labios rojos a los labios de él, tan cerca que el vampiro podía sentir su aroma, su aliento y el perfume que significaba su sangre. Susurró antiguas palabras, un latin que le vampiro escucharía. La joven vasalla besó sus labios en un gesto blanco, sin ningún tipo emoción, porque aquel beso era un símbolo de iniciación.

- abra los ojos, bienvenido a la verdadera visión- Temperance volvió a su asiento, y esperó que el abriera los ojos, si su tercer ojo estaba abierto, ahora podría ver los fantasmas que los observaban desde los palcos, y sobre todo, los fantasmas en el escenario, y como el cuerpo del soprano, perdía consistencia, cuando era poseído por el ángel de la opera.


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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Invitado el Jue Ago 23, 2012 2:29 am

Cualesquiera que fueren las telarañas que impedían a sus ojos visualizar a los espectros, se habían atenuado. Pietyr se levantó de la silla, y poco a poco fué testigo de la hazaña de Temperance:

Aquellas imágenes que sólo podía percibir haciendo un cuantioso esfuerzo y uso de esa factultad mística que unía al mundo material con lo etéreo, inundaban su vista ahora con mucha más claridad.

Ahora, fluían fácilmente frente a sus ojos, las figuras que antes sólo se delineaban cuando éstas lo querían. De nuevo, una brisa fría muy muy suave le recorría el cuerpo, pero apenas era casi un soplo. Aún a la distancia, Pietyr podía ver la influéncia de los espectros de la ópera, todos alineados al son del espectáculo. Seres que no había percibido antes, se encontraban posicionados en el escenario. Algunos, pretendiendo actuar para el público, otros, un tanto más fuertes, extendían su poder al actor principal y lo dotaban de esa magia supernatural que llegaba hasta los corazones de la gente viva y no-viva.

Era un maravilloso espectáculo para presenciar. Pietyr pensaba que cuando no se manifestaban abiertamente, los espectros se dedicaban a varias cosas inusuales. Él sospechaba que sólo deambulaban por ahí, incluso sin reconocer a otros fantasmas.

Pero la realidad distaba mucho de esa idea. Ahí estaban, cantando al unísono, una de las más bellas y trágicas presentaciones que Pietyr había visto. Muchos hacían juego, entre instrumentos fantasmagóricos y materiales. Otros actuaban, coordinados cual compañía de teatro...

Y entonces, vino el siguiente receso.

Cuando la cortina del telón cayó, así también los fantasmas se esfumaron. Seguramente seguían ahí, pero Pietyr ya no los podía distinguir, pues tal era el alcance de su percepción espectral.

- Eso fué maravilloso... (dijo él, aún recargado sobre el barandal del palco, inclinado un poco hacia el vacío). Ahora todo tiene sentido: Los espectros, se han congregado en este lugar, y juntos han potenciado la obra, en un perfecto equilibrio entre lo mundano y lo etéreo. Con toda razón esta obra ha sido tan aclamada.

Pietyr volteaba a ver a Temperance, quien ya no se veía tan agitada. Con todo y las impresiones de la noche, se había sobrepuesto a ese miedo tan evidente para él en sus ojos.

- Mi gratitud, señorita (dice, por haberlo ayudado a una tarea que antes le representaba mucho esfuerzo y cansancio)

A diferencia de él, Temperance tenía cierto recelo a interactuar con el mundo espectral. Pietyr no sabía el por qué de ello, pero ya habían tratado suficientes tópicos estresantes por la noche, no tenía sentido agobiarse con más. Ahora que lo pensaba, dejando de lado la decisión del Príncipe sobre el asunto, Temperance tenía una gran responsabilidad, o así pensaba Pietyr. Si hubiera sido su madre, la que se viera involucrada hace tantos años con la advertida catástrofe, Pietyr estaría atado a terminar el trabajo empezado.

Pero esas eran sus propias creencias. Quizás Temperance no compartía esos deseos. Después de todo, ella era mortal... y la vida se les iba casi en un parpadeo.

En fin, esas respuestas, si es que las había, llegarían en otra ocación. Por ahora, podían disfrutar del último acto después del receso.
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Re: The Phantom in the Opera

Mensaje por Temperance Brunswick el Jue Ago 23, 2012 4:44 am

Ya sentados, el podía ver lo mismo que ella, y no se sintió tan loca de pronto, sonrió al hombre y al hombre le dijo que podía ver porque tenía el don. Ahora podrían ver el resto de la obra, y afianzar más su extraño lazo, casi de mentir a pupilo.

FIN


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